jueves, 10 de mayo de 2012

las suaves gotas de lluvia se mezcla con mis amargas lágrimas. Las heladas gotas de las nubes se deslizan desde mi pelo continuando por mis labios y terminando en mi cuello. La brisa consigue helarme por completo, no importa. La brisa refresca mi cara. El pelo mojado se pega a mi cara y a mi cuello. Y las ropas se apegan a mi piel helada. Mi cuerpo no puede dejar de moverse, quiere escarpar. Ya está cansado y decido inclinar la cabeza hacía aquel oscuro cielo, solo se pueden ver las estrellas y aquella luna que parece que solo me ilumina a mi. Elevo mis brazos. Le pregunto al mismo cielo, el por qué de mi infelicidad. El por qué de mi tristeza. El por qué de no sentirme en libertad. Por qué de no sentirme querida y admirada. Lo único que quería era sentirme libre y querida. El cielo se calla, la lluvia y la brisa paran. No obtengo respuesta. 

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